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Nos están matando

Germán González Juárez
La Jornada de Oriente Tlaxcala
16 de marzo de 2016

Si bien un porcentaje de la contaminación a nuestros ríos es generada por la población a través de aguas residuales domésticas, en las que por cierto, el gobierno tendría que aplicar acciones efectivas, esta contaminación no se compara con la enorme cantidad de químicos y desechos tóxicos que arrojan las industrias, provocando el deterioro de nuestros ríos. Este problema se manifiesta de forma considerable en Tlaxcala en las comunidades ubicadas en la ruta que recorre el río Atoyac. Pobladores de la zona señalan que los corredores industriales (Quetzalcóatl, Ixtacuixtla y Huejotzingo) ubicados en municipios de Puebla y Tlaxcala, son los principales generadores de contaminación, ya que sus desechos tóxicos desembocan directamente en el río, pero ¿qué efectos tiene esta problemática?

El principal problema se manifiesta en el bienestar de los pobladores aledaños a esta zona, debido a que han sido afectados trágicamente en su salud. Es un fantasma que está cobrando vidas, especialmente de niños y niñas, pues muchos de ellos enferman de cáncer, especialmente de leucemia. Enfermedad que hasta antes de la instalación de las industrias, en las comunidades era desconocida.

Otra situación que se genera a causa de esta problemática es la contaminación de hortalizas. Las y los campesinos han ido heredando la práctica de regar sus hortalizas con agua proveniente del río, una práctica que ha sido afectada por las descargas industriales hacia el cauce, dejando a las y los campesinos ninguna alternativa más que regar con ellas sus cultivos, pues el bombeo de agua tiene un costo elevado. Las afectaciones no paran, la economía de las y los campesinos disminuye debido a que sus productos no son aceptados con facilidad en los mercados locales, por esta razón se ven obligados a venderlos a un precio más bajo que representa su trabajo y les permita continuar cultivando y teniendo una vida digna.

Lo anterior nos hace concluir que hasta ahora no existe una normatividad ni un gobierno interesado en el bienestar de la población que se imponga ante estas empresas generadoras de contaminación y enfermedades, basta con ejemplificar que los encargados de regular el funcionamiento de estas industrias sólo establecen sanciones económicas laxas, lo cual ha creado que muchas industrias opten por pagar las pequeñas multas en lugar de regularizar su proceso de desechos tóxicos que vierten al río, dejando afectados en su salud a los pobladores de estas zonas, al medio ambiente, a los consumidores de productos agrícolas y muchos otros afectados, cuyo espacio no sería suficiente para nombrarlos.

Lo anterior nos lleva a concluir que el desarrollo económico e industrial no ha sido benéfico para las comunidades (como se maneja en los discursos gubernamentales), es evidente que este problema no sólo arrastra consecuencias devastadoras e irreversibles para el ecosistema, sino que de manera trágica y silenciosa está arrebatándonos el derecho de la vida a las comunidades. Es por esta razón que, como personas habitantes de nuestro planeta, tenemos la obligación de realizar acciones que nos permitan preservar nuestro medio ambiente y sobre todo tenemos que exigir a las autoridades correspondientes crear e implementar nuevas estrategias para el saneamiento y preservación de nuestros ríos y áreas destinadas al cultivo. Pues hasta ahora las acciones emprendidas por el gobierno del estado (cierre de pequeñas empresas) son erróneas y de poca efectividad, provocando que en nuestras comunidades la situación vaya empeorando.

Luchemos por hacer realidad el disfrute de nuestros derechos a un medio ambiente sano y al agua, los cuales están establecidos en la Constitución mexicana, no permitamos que las industrias continúen acabando con nuestro ambiente y nuestra vida, y exijamos que se termine la práctica de simulación e inacción de las autoridades en la erradicación de la contaminación. No esperemos a que ninguna persona de nuestras comunidades y familia sea parte de las estadísticas de pérdidas humanas a causa de alguna enfermedad degenerativa, para hasta entonces actuar. Que el próximo 22 de marzo, Día Mundial del Agua, sean un día de reflexión de la situación en que nos encontramos, de solidaridad con quienes luchan para transformar esta realidad, con las familias que han sido afectadas por la contaminación y de exigencia para la erradicación de esta problemática social que abona al desastre ambiente mundial.

*Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A. C.


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